sábado, 22 de noviembre de 2008

Algunas fotos de la Copa Davis...y un toque de humor








Nalbandian con los brazos abiertos. Diciendo GOLLLLLLLL
La sole y los jugadores
Luego podemos observar a.. LA SEÑORA MIRTHA LEGRAND...diciendo tengo ganas de un sanguche de salame y queso
Por ultimo la presencia de el jugador Martin Palermo, quien ya por el solo echo de haber estado en la cancha desconcentro a Juanma Del Potro, lo que lo hizo perder

















jueves, 20 de noviembre de 2008

Wish you were here, Pink Floyd

So, so you think you can tell Heaven from Hell,blue skies from pain?
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?
And did they get you to trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?
How I wish, how I wish you were here
We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year,
Running over the same old ground
What have you found? The same old fears...
Wish you were here.
..
Ayumi

domingo, 26 de octubre de 2008

"China" de José Donoso

Por un lado el muro gris de la Universidad. Enfrente, la agitación maloliente de las cocinerías alterna con la tranquilidad de las tiendas de libros de segunda mano y con el bullicio de los establecimientos donde hombres sudorosos horman y planchan, entre estallidos de vapor. Más allá, hacia el fin de la primera cuadra, las casas retroceden y la acera se ensancha. Al caer la noche, es la parte más agitada de la calle. Todo un mundo se arremolina en torno a los puestos de fruta. Las naranjas de tez áspera y las verdes manzanas, pulidas y duras como el esmalte, cambian de color bajo los letreros de neón, rojos y azules. Abismos de oscuridad o de luz caen entre los rostros que se aglomeran alrededor del charlatán vociferante, engalanado con una serpiente viva. En invierno, raídas bufandas escarlatas embozan los rostros, revelando sólo el brillo torvo o confiado, perspicaz o bovino, que en los ojos señala a cada ser distinto. Uno que otro tranvía avanza por la angosta calzada, agitando todo con su estruendosa senectud mecánica. En un balcón de segundo piso aparece una mujer gruesa envuelta en un batón listado. Sopla sobre un brasero, y las chispas vuelan como la cola de un cometa. Por unos instantes, el rostro de la mujer es claro y caliente y absorto.
Como todas las calles, ésta también es pública. Para mí, sin embargo, no siempre lo fue. Por largos años mantuve el convencimiento de que yo era el único ser extraño que tenía derecho a aventurarse entre sus luces y sus sombras.
Cuando pequeño, vivía yo en una calle cercana, pero de muy distinto sello. Allí los tilos, los faroles dobles, de forma caprichosa, la calzada poco concurrida y las fachadas serias hablaban de un mundo enteramente distinto. Una tarde, sin embargo, acompañé a mi madre a la otra calle. Se trataba de encontrar unos cubiertos. Sospechábamos que una empleada los había sustraído, para llevarlos luego a cierta casa de empeños allí situada. Era invierno y había llovido. Al fondo de las bocacalles se divisaban restos de luz acuosa, y sobre los techos cerníanse aún las nubes en vagos manchones parduscos. La calzada estaba húmeda, y las cabelleras de las mujeres se apegaban, lacias, a sus mejillas. Oscurecía.
Al entrar por la calle, un tranvía vino sobre nosotros con estrépito. Busqué refugio cerca de mi madre, junto a una vitrina llena de hojas de música. En una de ellas, dentro de un óvalo, una muchachita rubia sonreía. Le pedí a mi madre que me comprara esa hoja, pero no prestó atención y seguimos camino. Yo llevaba los ojos muy abiertos. Hubiera querido no solamente mirar todos los rostros que pasaban junto a mí, sino tocarlos, olerlos, tan maravillosamente distintos me parecían. Muchas personas llevaban paquetes, bolsas, canastos y toda suerte de objetos seductores y misteriosos. En la aglomeración, un obrero cargado de un colchón desarregló el sombrero de mi madre. Ella rió, diciendo:
-¡Por Dios, esto es como en la China!
Seguimos calle abajo. Era difícil eludir los charcos en la acera resquebrajada. Al pasar frente a una cocinería, descubrí que su olor mezclado al olor del impermeable de mi madre era grato. Se me antojaba poseer cuanto mostraban las vitrinas. Ella se horrorizaba, pues decía que todo era ordinario o de segunda mano. Cientos de floreros de vidrio empavonado, con medallones de banderas y flores. Alcancías de yeso en forma de gato, pintadas de magenta y plata. Frascos de bolitas multicolores. Sartas de tarjetas postales y trompos. Pero sobre todo me sedujo una tienda tranquila y limpia, sobre cuya puerta se leía en un cartel: "Zurcidor Japonés".
No recuerdo lo que sucedió con el asunto de los cubiertos. Pero el hecho es que esta calle quedó marcada en mi memoria como algo fascinante, distinto. Era la libertad, la aventura. Lejos de ella, mi vida se desarrollaba simple en el orden de sus horas. El "Zurcidor Japonés", por mucho que yo deseara, jamás remendaría mis ropas. Lo harían pequeñas monjitas almidonadas de ágiles dedos. En casa, por las tardes, me desesperaba pensando en "China", nombre con que bauticé esa calle. Existía, claro está, otra China. La de las ilustraciones de los cuentos de Calleja, la de las aventuras de Pinocho. Pero ahora esa China no era importante.
Un domingo por la mañana tuve un disgusto con mi madre. A manera de venganza fui al escritorio y estudié largamente un plano de la ciudad que colgaba de la muralla. Después del almuerzo mis padres habían salido, y las empleadas tomaban el sol primaveral en el último patio. Propuse a Fernando, mi hermano menor:
-¿Vamos a "China"?
Sus ojos brillaron. Creyó que íbamos a jugar, como tantas veces, a hacer viajes en la escalera de tijeras tendida bajo el naranjo, o quizás a disfrazarnos de orientales.
-Como salieron -dijo-, podemos robarnos cosas del cajón de mamá.
-No, tonto -susurré-, esta vez vamos a IR a "China".
Fernando vestía mameluco azulino y sandalias blancas. Lo tomé cuidadosamente de la mano y nos dirigimos a la calle con que yo soñaba. Caminamos al sol. Íbamos a "China", había que mostrarle el mundo, pero sobre todo era necesario cuidar de los niños pequeños. A medida que nos acercamos, mi corazón latió más aprisa. Reflexionaba que afortunadamente era domingo por la tarde. Había poco tránsito, y no se corría peligro al cruzar de una acera a otra.
Por fin alcanzamos la primera cuadra de mi calle.
-Aquí es -dije, y sentí que mi hermano se apretaba a mi cuerpo.
Lo primero que me extrañó fue no ver letreros luminosos, ni azules, ni rojos, ni verdes. Había imaginado que en esta calle mágica era siempre de noche. Al continuar, observé que todas las tiendas habían cerrado. Ni tranvías amarillos corrían. Una terrible desolación me fue invadiendo. El sol era tibio, tiñendo casas y calle de un suave color de miel. Todo era claro. Circulaba muy poca gente, éstas a paso lento y con las manos vacías, igual que nosotros.
Fernando preguntó:
-¿Y por qué es "China" aquí?
Me sentí perdido. De pronto, no supe cómo contentarlo. Vi decaer mi prestigio ante él, y sin una inmediata ocurrencia genial, mi hermano jamás volvería a creer en mí.
-Vamos al "Zurcidor Japonés" -dije-. Ahí sí que es "China".
Tenía pocas esperanzas de que esto lo convenciera. Pero Fernando, quien comenzaba a leer, sin duda lograría deletrear el gran cartel desteñido que colgaba sobre la tienda. Quizás esto aumentara su fe. Desde la acera de enfrente, deletreó con perfección. Dije entonces:
-Ves, tonto, tú no creías.
-Pero es feo -respondió con un mohín.
Las lágrimas estaban a punto de llenar mis ojos, si no sucedía algo importante, rápida, inmediatamente. ¿Pero qué podía suceder? En la calle casi desierta, hasta las tiendas habían tendido párpados sobre sus vitrinas. Hacia un calor lento y agradable.
-No seas tonto. Atravesemos para que veas -lo animé, más por ganar tiempo que por otra razón. En esos instantes odiaba a mi hermano, pues el fracaso total era cosa de segundos.
Permanecimos detenidos ante la cortina metálica del "Zurcidor Japonés". Como la melena de Lucrecia, la nueva empleada del comedor, la cortina era una dura perfección de ondas. Había una portezuela en ella, y pensé que quizás ésta interesara a mi hermano. Sólo atiné a decirle:
-Mira... -y hacer que la tocara.
Se sintió un ruido en el interior. Atemorizados, nos quitamos de enfrente, observando cómo la portezuela se abría. Salió un hombre pequeño y enjuto, amarillo, de ojos tirantes, que luego echó cerrojo a la puerta. Nos quedamos apretujados junto a un farol, mirándole fijamente el rostro. Pasó a lo largo y nos sonrió. Lo seguimos con la vista hasta que dobló por la calle próxima.
Enmudecimos. Sólo cuando pasó un vendedor de algodón de dulces salimos de nuestro ensueño. Yo, que tenía un peso, y además estaba sintiendo gran afecto hacia mi hermano por haber logrado lucirme ante él, compré dos porciones y le ofrecí la maravillosa sustancia rosada. Ensimismado, me agradeció con la cabeza y volvimos a casa lentamente. Nadie había notado nuestra ausencia. Al llegar Fernando tomó el volumen de "Pinocho en la China" y se puso a deletrear cuidadosamente.
Los años pasaron. "China" fue durante largo tiempo como el forro de color brillante en un abrigo oscuro. Solía volver con la imaginación. Pero poco a poco comencé a olvidar, a sentir temor sin razones, temor de fracasar allí en alguna forma. Más tarde, cuando el mundo de Pinocho dejó de interesarme, nuestro profesor de box nos llevaba a un teatro en el interior de la calle: debíamos aprender a golpearnos no sólo con dureza, sino con técnica. Era la edad de los pantalones largos recién estrenados y de los primeros cigarrillos. Pero esta parte de la calle no era "China". Además, "China" estaba casi olvidada. Ahora era mucho más importante consultar en el "Diccionario Enciclopédico" de papá las palabras que en el colegio los grandes murmuraban entre risas.
Más tarde ingresé a la Universidad. Compré gafas de marco oscuro.
En esta época, cuando comprendí que no cuidarse mayormente del largo del cabello era signo de categoría, solía volver a esa calle. Pero ya no era mi calle. Ya no era "China", aunque nada en ella había cambiado. Iba a las tiendas de libros viejos, en busca de volúmenes que prestigiaran mi biblioteca y mi intelecto. No veía caer la tarde sobre los montones de fruta en los kioscos, y las vitrinas, con sus emperifollados maniquíes de cera, bien podían no haber existido. Me interesaban sólo los polvorientos estantes llenos de libros. O la silueta famosa de algún hombre de letras que hurgaba entre ellos, silencioso y privado. "China" había desaparecido. No recuerdo haber mirado, ni una sola vez en toda esta época, el letrero del "Zurcidor Japonés".
Más tarde salí del país por varios años. Un día, a mi vuelta, pregunté a mi hermano, quien era a la sazón estudiante en la Universidad, dónde se podía adquirir un libro que me interesaba muy particularmente, y que no hallaba en parte alguna. Sonriendo, Fernando me respondió:
-En "China"...
Y yo no comprendí.





Subido por Ayumi.

martes, 30 de septiembre de 2008

La ambición...mata

Patrick estaba cansado y a las diez ya estaba listo para dormir. El dia había sido largo, y su cuerpo estaba extenuado. Él trabajaba en la inmobiliaria de la familia, situada en la ciudad de Glasgow, Escocia.
El hombrecillo era muy crédulo, cuando alguien de la familia le hacia una broma diciéndole que el perro tenía alas él lo creía, por mas tonto e imposible que sea el chiste. La única escéptica de la familia era Mary la hija mayor.
Patrick había escuchado ese mismo día en el noticiero que una maquina que había llevado 7 años y más de 100.000.000 de euros comenzaría a funcionar dentro de 15 dias. Cómo Patrick creía las cosas mas ridículas, con está maquina que se decía que podía destruir al planeta y todo el sistema solar lo alarmó de una manera impresionante. El nerviosismo aumento considerablemente al conocer la noticia de que una niña en la India se había suicidado por temor al fin del mundo. Patrick sin dudarlo ni un segundo sacó todos los ahorros que tenia en el banco, se compró un auto y salió a andar. En el baúl llevaba comida suficiente como para 1 mes. Decidió llamar este viaje por toda Escocia con el nombre de “el viaje de lo inesperado”.
Mucha intriga y emociones encontradas le surgieron a lo largo de la fantastica travesia por los maravillosos y mágicos paisajes de toda Escocia. Debido a lo que podía llegar a pasar con esta maquina le agarro una angustia oral grotesca. Los pedazos de pollo y carne entraban a su organismo como agua. Ya llegando al dia 8 se había quedado sin provisiones.
Patrick finalmente decidió descansar en un hotel cercano a la ciudad de Aberdeen. Allí pudo bañarse, descansar y recuperar fuerzas para poder seguir al dia siguiente. Él encontró un televisor por donde podía ver el encendido de la maquina, en vivo y en directo. Podía observar a los científicos a punto de darle comienzo a la misión que podía revolucionar el mundo de la ciencia. Solo un botón los separaba de lo previamente existente con lo desconocido y misterioso del universo. La pantalla se volvió totalmente negra, la conexión se había perdido… el ya no estaba.

Una Nueva Oportunidad

Evelyn no era una niña mala, pero sí muy inquieta y traviesa. También era bastante torpe y muy propensa a meterse en problemas. Por eso, era muy frecuente que en su casa, en el barrio y en la escuela todos le gritaran para que se portara mejor.
Con respecto a los estudios, Evelyn, no era una estudiante destacada y siempre sacaba notas muy bajas. Pero, el último gran lío en el que se metió, fue en el colegio. Una mañana, Evelyn estaba en medio del aula cuando empezó a discutir con una compañera. La pelea se iba haciendo cada vez más fuerte y la maestra no podía controlarlas. Ese dia, volvió a su casa con una nota de la directora, quien quería reunirse con su madre para hablar sobre su comportamiento. Finalmente, llegó a su casa y sus padres la regañaron mucho por lo que había pasado.
A pesar de todo esto, Lidia, la maestra de música, tenía todavía esperanzas en Evelyn, ya que veía un gran potencial en ella. Por eso, le ofreció un papel en la obra de teatro del colegio, para disgusto de todos sus compañeros, quienes pensaban que no era buena para ése rol. Pero ella aceptó y ése mismo dia, empezó a ensayar. Lo hacía en su casa durante la cena, en el baño y antes de irse a dormir. Ensayaba una y otra vez. Incluso, el dia antes del estreno, Evelyn se quedó levantada hasta muy entrada la noche.
-Evelyn, ya es tarde. No deberías estar levantada a éstas horas, sino mañana vas a estar muy cansada- le aconsejó su madre.
-No te preocupes, mamá. Dentro de 5 minutos me voy a dormir, pero antes quiero asegurarme de que no me voy a olvidar mis líneas- le prometió su hija.
-Está bien. Buenas noches- le deseó su mamá.
Al dia siguiente, Evelyn se levantó muy temprano para no llegar tarde al colegio. Todos le decían que no se tenía que poner nerviosa, pero eso era imposible, según ella. Afortunadamente, la pequeña logró recordar todo el guión y dio una actuación memorable. Al final de la obra, todos sus compañeros, maestros y familiares la felicitaron por su impecable trabajo.
-Muy bien hecho, Evelyn. Sabía que no me ibas a defraudar- la felicitó su maestra de música.
Evelyn admitió que estaba muy nerviosa, e incluso un poco alterada, al ver tanta gente entre el público, pero que justo antes de entrar a escena, logró relajarse. Sus padres le dijeron que estaban muy orgullosos de ella, por todo el esfuerzo y dedicación que le había puesto a ésta obra. Después de todas las felicitaciones, Evelyn regresó a su casa con sus padres, muy sonriente.


Soledad Martínez Amorena

Sangriento asesinato

Su sangre se desparramaba por los azulejos, sus ojos iban perdiendo su tenue luz poco a poco. El suave sonido de respiración cada vez se oía más agitado. El reloj marcaba las dos y media de la tarde del sábado 23 de septiembre. Las manos caía lentamente al piso, los pies se deslizaban, cada vez su cuerpo estaba más cerca de yacer. No hace falta decir, que el pobre Thomas estaba agonizando, víctima de un asesinato.
Thomas yacía completamente en la cocina, sus ojos ya no tenían ni la más mínima luz de vida. Unos minutos más tarde de la primera contemplación del cuerpo por Facundo, llegó el detective Carlos Rodríguez. Se presentaron, Facundo se identificó como el hermano de la víctima y comenzó el interrogatorio y la investigación. Las primeras preguntas hacia su hermano, fueron las más usuales, empezó preguntándole cuándo lo había visto por última vez, si tenía enemigos y por último si estaba en una relación amorosa con alguna persona. A todo esto, el hermano contestó todo.
- Lo vi por última vez hoy a la una y media de la tarde, estaba de buen ánimo, no le noté preocupación alguna- contestó el hermano todavía sin entender lo que había ocurrido. Luego se tomo dos minutos para pensar y siguió contestándole, le dijo al detective que era una persona muy querida, que el no recordaba si tenía enemigos pero que creía que no era muy factible. Respecto a las relaciones amorosas, no supo contestar muy bien, la identidad sexual de su hermano era extraña.
- ¿Había sido recientemente amenazado por casualidad, o hace poco se comportaba de manera inusual?- le preguntó al supuesto hermano
- Que yo sepa no- contestó tartamudeando.
Una hora después, el detective examinó el cuerpo. Pudo distinguir una pista que le serviría mucho. Comparó los rasgos de Thomas y de Facundo y no eran nada parecidos. En el cuerpo de Thomas observó un poco de un condimento, mayonesa se podría decir por lo que el dedujo, pero lo más extraño era que, investigando los datos de la víctima, leyó que era alérgico a la mayonesa y a todos los condimentos. Luego observó detalladamente a Facundo, observó en su remera una leve mancha de algo similar a lo que había visto en el cuerpo de su supuesto hermano.
Carlos tenía como principal sospechoso a Facundo, luego comenzó a interrogarlo. Le preguntó si era hermano biológico de Thomas y si eran hijos del mismo padre y de la misma madre, por lo que él afirmó. Luego le exigió el Documento Nacional de Identidad para observare su fecha de nacimiento. Facundo había nacido el 25/02/1899 en cuanto Thomas, por lo que pudo observar en el DNI de la víctima ya color escarlata, ya que la sangre había manchado hasta su apellido, y el cual citaba que Thomas nació el 28/03/1899. Era imposible que sean hermanos si se llevaban apenas un mes, y también era más que obvio que Thomas no había muerto por alergia sino por un disparo y que era imposible que él tuviera mayonesa en su cuerpo si era alérgico a ella, y una gran coincidencia es que Facundo tenía también, o sea que tocó el cuerpo. Sin pensar más motivos, esposó a Facundo.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Drake and Josh







Drake and Josh’ es una serie americana creada por Dan Schneider, producida y transmitida por Nikelodeon y protagonizada por Drake Bell y Josh Peck. Intenta recrear la vida de dos hermanastros que, por desgracia, no tienen absolutamente ningún interés en común.
Drake es un adolescente típico en la etapa de rebeldía, despreocupado de todo conflicto ajeno a su vida, popular en el colegio y con una gran debilidad por las chicas. Su extremada pasión por la música lo hace holgazán, lo cual fastidiar a Josh, que por lo contrario a él, es responsable, trabajador y, desafortunadamente, sin mucha suerte con las mujeres.
Cuando ambos chicos se encuentran por primera vez, tras la decisión de sus padres de formar una familia, el rechazo por parte de la pequeña estrella de rock hacia su hermanastro es evidente, mientras que el otro no deja de demostrar la emoción de tener que compartir su nuevo cuarto con Drake.
En cada capítulo se presenta un nuevo problema que deben resolver para no agravar la situación en la que ya se encuentran y evitar meterse en mayores aprietos. Generalmente, es Drake quien provoca los escándalos, y Josh, quien debe cargar con las consecuencias, sin siquiera saber el motivo. Pero la verdadera y constante molestia para ambos adolescentes es su malvada hermana, Megan, siempre dispuesta a sacrificar su tiempo libre en hacerles bromas y disfrutar de sus desgracias. A pesar de todos los intentos de los hermanos de demostrar a sus padres la diabólica criatura que se esconde bajo aquel angelical rostro de 13 años, ella siempre se sale con las suyas, por lo que deben soportar sus travesuras constantemente.
Lo más cómico de la serie es el inocente (y a veces sarcástico) humor que aportan todos y cada uno de los personajes, ya sean principales o secundarios. El éxito que alcanzaron con el lanzamiento de su comedia, basada en ‘The Amanda Show’ (en el que también trabajaron), fue tan grande que al cabo de dos años de haber editado su primer capítulo, los productores decidieron grabar ‘Drake and Josh, La Película’: en enero de 2006, ‘Drake & Josh Go Hollywood’; en agosto de 2007, ‘Drake & Josh: Really Big Shrimp’, y para diciembre de este mes saldrá ‘Merry Christmas, Drake & Josh’ en los cines del país de origen.
El trabajo de todos estos actores es realmente muy bueno. Tanto la serie como las películas son recomendables para pasar un buen momento entre amigos y familia.



Fuentes:




Ayumi